29 septiembre 2006

Paga Moya

Seguramente si usted nació en los ’80 no reconoce esta expresión, pero los que somos más “viejitos” la tenemos incorporada en el disco duro (claro que en un mainframe de aquella época).

Para los chilenos, llegar a reconocer que Pagaba Moya fue la forma colectiva de exteriorizar que en materia de deuda externa: estábamos con el agua hasta el cuello.

No por que no supiéramos lo que era contraer obligaciones con organismos internacionales como el
Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. En eso, nuestro país tenía experiencia. Ya en los primeros años de la República Bernardo O’Higgins tuvo que recurrir a crédito externo para financiar inversiones del Estado.

El problema fue otro. A comienzos de los ‘80 vientos de recesión comenzaron a soplar con fuertes alzas en los precios internacionales del petróleo y una dura política antiinflacionaria en las principales economías acreedoras. De eso a elevar considerablemente las tasas de interés internacionales, sólo un paso. Y de ahí, a generar una crisis de deuda en los países subdesarrollados, otro más corto.

Hay que recordar la importancia que tiene para el mundo subdesarrollado la deuda externa y no hay que extrañarse que periódicamente estos países caigan en la incapacidad económico-financiera de servir la deuda y deban entrar en procesos de renegociación.

La economía chilena no fue la excepción y se vio fuertemente afectada. Los precios internacionales de nuestros principales productos de exportación bajaron y los flujos de capitales extranjeros disminuyeron considerablemente: cayendo en una de las recesiones más profundas de su historia. Entre 1982 y 1983 el PIB cayó en casi 17%, subió el desempleo a más de 20%, quebraron alrededor de 800 empresas y sucumbió la banca privada en una de sus crisis más agudas.

La deuda externa equivalía a cinco veces las exportaciones chilenas y superaba a todo lo que el país producía. Con esos montos, servir la deuda ¡imposible!. No quedaba alternativa: ¡que pague Moya!. Pero Moya nunca se hizo cargo. Y tuvimos que salir solitos con la cabeza a flote a punta de renegociaciones.

¿De deudor a acreedor?

Pero eso ya es historia y hoy lo que ha sido tradicionalmente un problema crónico para los países latinoamericanos, puede dejar de serlo para Chile. Siempre y cuando la actual prosperidad se prolongue por un tiempo.

Es interesante destacar el mejoramiento significativo en los indicadores de solvencia externa. Así en el año 2005, la deuda externa total alcanzó los US$45.014 lo que representa un 39% del PIB y que se compara positivamente con el 45,8% del año 2004 y el 60.2% del 2002. Otro índice de solvencia: la razón entre deuda y exportaciones también nos muestra una evolución positiva. Mientras en el año 2002 ese cuociente era de 1.8 veces, el 2005 bajó a 0.9 veces. Y finalmente la composición de la deuda: que durante el año pasado tan sólo el 21% correspondió a
deuda pública (contraída por el estado) y el 79% restante a deuda privada.

Así: los excepcionales ingresos por el precio del cobre, las reservas del Banco Central y los mayores recursos del fisco nos pueden cambiar la cara y mientras EE.UU. comienza a preocuparse por su deuda externa, nosotros en Chile podríamos dejar de ser un país deudor para pasar a ser un país
acreedor.

¿Quién lo hubiera pensado?. Ni Moya.

4 comentarios:

David DUA dijo...

Ante todo, enhorabuena por la excelente exposición.
Algo así nos pasó a los españoles no hace mucho. De pronto nos dimos cuenta que éramos ricos. A mediados de los 90 yo impartía una asignatura que se llamaba Economía Española (una estructura económica), y cuando hablaba del proceso de Unión Monetaria que acabaría en el euro y relataba los criterios de convergencia, apostaba el cuello a que nos los cumpliríamos. Menos mal que nadie vino a cobrarme.
Estados Unidos está pagando las consecuencias de la asunción de su rol de sheriff mundial, lo que le obliga a mantener una elevada factura bélica. Al mismo tiempo, la naturaleza del dólar como reserva internacional le protege de procesos de pérdida de confianza (a nadie le interesa que el dólar pierda valor).

Marta Salazar dijo...

Hola hola! "quebraron alrededor de 800 empresas" entre ellas la empresa de mis papás. Fue terrible.

Aprendí quién era Moya de labios de Miguel Kast.

Te pondré un enlace!

Joe Rotger dijo...

El año '82 hubo una contracción mundial; no creo que alcanzará a recesión.

Lamentablemente, De Castro estaba enfrascado en la dolarización del peso chileno, a $39, todavía me acuerdo. A la vez, Chile daba sus primeros pasos en sus exportaciones--ya comenzabamos a depender fuertemente de sus ingresos.

Y, repentinamente se secaron las exportaciones; pero, el endeudamiento era significativo--se habló de veranitos de San Juan...

El USD subió a $53 una tarde--un amigo había vendido un fracatán en la mañana, aburrido por años de esperar la subida del USD... Intentó infructuosamente deshacer la transacción con el banco...

Y el USD siguió día a día subiendo...
Y las empresas tenían deudas en USD; no en $...
Donde yo trabajaba, empezamos a hacer trueques... Cuando se pagaba a los contratistas, era en %...
En fin, que no he vuelto a vivir algo así.
Y, los despidos a granel...

Esther Croudo Bitrán dijo...

Hola a todos y gracias por venir....

David: es esa elevada factura bélica de la que tu hablas, la que tiene a EEUU con un elevadísimo déficit.

Marta: Lo siento por lo de tus padre...fue una época muy dura. Aunque la expresión es muy antigua...en esa época hacía mucho sentido.

Joe: Al igual que tú me acuerdo del dólar a US$39 que de un día para otro (más exáctamente de la mañana a la noche)llegó a las nubes... elevó también el endeudamiento de muchas empresas.